jueves, 19 de diciembre de 2024

¡SACRILEGIO!

 



¡SACRILEGIO!

Era jueves cerca del mediodía. Me dirigía al centro en subterráneo. Debo decir que soy un fanático de este medio de transporte; es mi primera, y, dentro de lo posible, mi exclusiva opción para trasladarme por de la Ciudad. El escenario era el de costumbre: hombres y mujeres de todas las edades, todas las apariencias, todas las ocupaciones, sumidos en las pantallas de sus celulares: ese apéndice que el género humano adoptó como parte de su mente. Estaban los que tipeaban incansablemente con los pulgares (se diría que habían egresado de una moderna escuela Pitman), o los que recorrían pantallas, en una loca carrera vaya uno a saber contra qué o quién; varios ocupaban sus orejas con auriculares cableados al aparato y un par lucían esos coquetos accesorios bluetooth, otro dormitaba.

Así transcurría el viaje en la más absoluta calma, hasta que de pronto la vi. Era una mujer joven, sentada, leyendo un libro bastante voluminoso. ¡Sacrílega! ¡Apóstata! ¿Cómo se atrevía a exhibir con absoluto desparpajo ese objeto de papel con textos interminables, y no pocas veces irreverentes, nihilistas o provocadores? En otros tiempos hubiese sido una segura candidata a la hoguera.

lunes, 18 de noviembre de 2024

UNA LZ EN LA OSCURIDAD, BAJO LA LLUVIA

 



UNA LUZ EN LA OSCURIDAD, BAJO LA LLUVIA

CRÓNICAS DE BUENOS AIRES

 

Ocho de la noche, o algo así. Mis ojos estaban secos y cansados por las horas ante el la pantalla de la computadora; ni hablar del estado de mis neuronas. Tenía hambre. Era temprano para cenar y había agotado todas las menudencias con las que suelo engañar el estómago, entonces decidí salir a dar una vuelta; estirar las piernas y calmar la ansiedad. Había oscurecido, las calles estaban mojadas por una pertinaz llovizna que comenzó a tempranas horas de la mañana; típico de un otoño que se precie. De todos modos no me acobardé: me gusta caminar bajo a lluvia.

Sobre la misma vereda, a unos metros del edificio en el que habito, hay un minimercado perteneciente a una de las cadenas conocidas. Es un local pequeño, casi siempre mal abastecido: una franquicia, dicen en el barrio. A un lado de la puerta, un joven de unos veintipico de años estaba sentado sobre las baldosas bajo el balcón de un edificio lindante que lo protegía de la lluvia. Cuando pasé a su lado me dice

—¿Me compra un paquete de fideos?

jueves, 14 de noviembre de 2024

EL CAMINANTE

 


EL CAMINANTE

CRÓNICA DE BUENOS AIRES


Es un hombre negro. Sí, sí, soy consciente de que lo políticamente correcto hubiese sido escribir: ‘es un hombre afro descendiente’, o algún otro eufemismo para describir el color de su piel, pero de ese modo no podría dar una idea acabada del tono de la misma. Existe una amplia gama de tonalidades oscuras de piel, que varían según el origen o cruzas interraciales (recuerdo las palabras de un cronista estadounidense en una columna sobre la elección de Obama como presidente: “Los americanos gustan de las personas de piel oscura como del café: con crema”). Y el hombre al que me refiero tiene la piel oscura, intensamente oscura.  Tiene una edad incierta; es delgado, alto, muy alto, más que las personas altas que solemos ver en las calles, con largas extremidades (brazos y piernas), grandes manos y contextura vigorosa.


Apareció en el parque, donde realizo mi caminata diaria, hace ya largos años. Depositaba algunos bultos, sin duda conteniendo sus pertenencias,  sobre un banco lindero a un cantero, en cuyo interior caminaba sin cesar. Vestía siempre las mismas prendas oscuras, durante el invierno y el verano, que sigue luciendo en la actualidad. Un día desapareció, él y sus bultos, y no volví a verlo durante un tiempo. Supuse que lo echaron los guardaparques o la policía. Días más tarde, lo encontré a mitad de cuadra, en la calle que desembocaba justo a la entrada del parque. Estaba sentado en el umbral de una casa baja, aprisionada entre dos edificios, en la cual nunca vi a nadie entrar o salir, desde que vivo en el barrio. Frente a él, contra un árbol, había amontonado más bultos que los que tenía en el parque: un par de grandes valijas de viaje, algún bolso de mano y varias bolsas negras, de las empleadas para residuos. Allí estuvo durante todo el invierno, sentado sobre unos cartones que había dispuesto en el escalón para mitigar el frío del mármol; cubría sus hombros con una tela gruesa que parecía ser un trozo de alfombra, y sus piernas, con una manta doblada en cuatro. Permanecía todo el día inmóvil, impertérrito, con la mirada perdida en vaya uno a saber que remotos pensamientos. Nadie le habla, y el no habla con nadie.


Pasó el invierno. Hacia fines de septiembre regresaba de mi caminata matutina cuando advertí ante la casa, que suponía abandonada, a dos mujeres de mediana edad, muy bien vestidas, introduciendo una llave en la cerradura de la puerta con la clara intención de abrirla. Él estaba de pie, a un costado. No me detuve a mirar el resultado de la situación. Pero el caso fue que, al día siguiente, él se mudó a la vereda de enfrente, ocupando otro umbral, y los bultos contra otro árbol en esa nueva acera. Sin embargo, después de unos días de haberse afincado en el lugar, desapareció nuevamente. «Seguro volvieron a correrlo», pensé.


Hace poco más de un mes reapareció a la vuelta de donde solía parar, aunque ya no sentado en la entrada de una casa o un edificio. Amontonó sus bultos contra una columna de alumbrado, y él va y viene desde la esquina hasta mitad de cuadra, erguido, con paso largo, moroso, balanceando sus brazos acompasadamente. Luce ahora, además de las prendas de siempre, un casquete de tela, también negro. Lo veo en su incansable peregrinar desde la mañana hasta caída la noche; cuando salgo, cuando regreso o desde el ventanal de casa, cuando estoy en el sillón de la sala leyendo o escuchando música. Ya de noche, al bajar la cortina de madera del ventanal, desconozco cuánto más prolonga ese constante deambular. Pero estoy convencido de que mañana, cuando levante el telón, nuevamente veré la escena de una sombra solitaria errando por la calle sin cesar.

 

Noviembre, 2024


lunes, 11 de noviembre de 2024

CRÓNICA DE UN DÍA DESAPACIBLE



CRÓNICA DE UN DÍA DESAPACIBLE

CRÓNICAS DE BUENOS AIRES

 

Era un domingo de julio. El Servicio Meteorológico informaba: ocho grados de temperatura y noventa por ciento de humedad.

Sentado en el sillón del living, leyendo una novela, podía ver como una brisa leve, que adivinaba gélida, mecía las ramas del árbol plantado en la vereda que invadían mi balcón. Las hojas, al igual que la calle, empapadas por la pertinaz llovizna que caía desde tempranas horas de la mañana, despedían un brillo tornasolado. Era una garúa finita, apenas perceptible, pero que, sin importar las prendas con que uno se cubra, termina por calar hasta los huesos. En eso, sonó el timbre del portero eléctrico. Atendí. «¿Tiene ropa para dar?». Era la voz de una mujer. No me sorprendió el pedido pues, a diario, hombres o mujeres recorren el barrio demandando ropa en desuso, las cuales lavan y restauran, luego las destinan para sus propios usos y el de sus familias, o bien las comercializan en las ferias americanas de la capital y el conurbano. «¿Recorrer las calles en un día tan desapacible?», fue lo primero que vino a mi mente al escucharla, y lamente no tener nada para entregarle. Volví al sillón del living dispuesto a retomar la lectura, sin embargo, incitado por el ánimo de chusmear, salí al balcón y me asomé sobre la baranda. ¡Vaya si hacía frío! Alcancé a verla: era una mujer retacona, aunque de contextura recia; la cabellera negra, chorreando agua, caía pesada sobre los hombros y la espalda, empapando la campera marrón que vestía; con una de sus manos llevaba a la rastra un ’changuito’, con la otra sujetaba un bolso negro; a su lado le seguía el paso una pequeña que no tendría más de unos siete años, oculta dentro de una holgada campera roja con capucha. Las acompañé con la mirada hasta que desaparecieron bajo la marquesina de un edificio vecino, sin duda, para reiterar su pedido a los moradores de otros departamentos: «¿Tiene ropa para dar?». Hay quienes les llaman ‘planeras’.

 

Norberto Diskin

lunes, 7 de octubre de 2024

CONVICCIONES

   


CONVICCIONES

APUNTE

 

Convicción: “Idea religiosa, ética o política a la que se está fuertemente adherido”.

 

Somos cuatro vecinos del barrio que periódicamente, al caer la tarde, nos reunimos en un bar próximo a nuestras viviendas, para pasar unos momentos de solaz en compañía, mientras disfrutamos de sendos cafés. Los cuatro jubilados. Son reuniones que resultan entretenidas, considerando las diversas personalidades de mis compañeros de mesa. Uno de ellos se autodefine como peronista de Perón, pero nunca pude desentrañar el significado de dicha definición (peronismo de Peró)’, tampoco le pregunté, no deseaba entrar en debates enojosos; otro, radical desde la cuna, como solía afirmar, y ferviente antiperonista, fue votante de Milei; el tercero, un nihilista que descreía todo y de todos, que sostenía adherir sólo a sus propios principios, a los cuales tampoco pude acceder.

Por lo general, sin que lo hayamos acordado, evitábamos hablar de política y religión, para no crear situaciones irritantes en los encuentros. Así pues, distraíamos el tiempo con debates sobre fútbol, en los que abundaban las chicanas entre adherentes de equipos contrarios; comentarios sobre escritores y libros, que solíamos intercambiar, con la promesa, siempre incumplida, de devolverlos apenas termináramos de leerlos; la evolución del valor del dólar blue, y superficiales menciones, no exentas de descontento, sobre el aumento del costo de los servicios, de los gastos en general, y lo magro de nuestras jubilaciones.

Ocurrió el martes siguiente al acto en Parque Lezama.

lunes, 16 de septiembre de 2024

Una cuestión moral

 



Aún cuando los actos de los hombres pueden estar provocados por diversos motivos: políticos, culturales, comerciales, religiosos, tradición, costumbres, entre tantos otros, poseen una cualidad común: su calidad moral[1]. Claro que en estos tiempos posmodernos de un individualismo insensible, se podría afirmar, sin temor a equivocarnos, que la moral ha pasado de moda.

Sin embargo, asistimos a situaciones sobre las cuales no cabe otro calificativo que inmorales. Así, es inmoral no socorrer a los desposeídos y marginados mientras se otorgan prebendas a los poderosos; es inmoral someter a las fuerzas del mercado el acceso a medicamentos de quienes padecen enfermedades graves o terminales; es inmoral almacenar millones de toneladas de alimentos, muchos de ellos próximos a vencer, y no se los distribuye entre los más necesitados, particularmente niños; es inmoral que más de un millón de niños se van dormir sin cenar[2], y no adoptar medidas para paliar esta situación; es inmoral...

 Hubo tiempos en que medidas de tal tenor eran revestidas de una retórica complaciente, fecunda en excusas, o directamente se las ocultaba; hoy, se las expone con total desparpajo e impudicia, incluso con orgullo por los resultados, considerados un mérito de la gestión. Si a ello le sumamos una sociedad sobreadaptada[3], pues bien..., bienvenidos a la tierra de los inmorales.

 



[1] Según la RAE: Perteneciente o relativo a las acciones de las personas, desde el punto de vista de su obrar en relación con el bien o el mal y en función de su vida individual y, sobre todo, colectiva. También: Conforme con las normas que una persona tiene del bien y del mal.

[2] Encuesta de UNICEF

[3] Sobreadaptació RAE: Dicho de una persona: Acomodarse, avenirse a diversas circunstancias, condiciones, etc. [aún cuando esas condiciones lo perjudiquen]

domingo, 28 de mayo de 2023

¿SENSIBILIDAD O HIPOCRESÍA?


 

 

 ¿SENSIBILIDAD O HIPOCRESÍA?

Décadas atrás, carros tirados por caballos transportando distintos tipos de carga, formaban parte del escenario cotidiano en la Ciudad de Buenos Aires.

Después de cuantiosas campañas llevadas a cabo por organizaciones no gubernamentales en contra del maltrato animal, se prohibió la tracción a sangre en los principales centros urbanos del país, entre ellos, obviamente, CABA.

Aquel escenario, intrascendente para los habitantes de la época, hoy generaría el repudio airado, cuando no reacciones violentas, por parte de la burguesía citadina.

A primera vista, esta actitud podría interpretarse como la expresión de una sociedad sensible, cuyos valores humanitarios han prevalecido sobre una práctica, otrora considerada natural, en la que el ser humano se erige como la especie dominante por sobre todas las demás que habitan el planeta. Una sociedad que, ahora, podría proclamar con orgullo: «¡hemos evolucionado para mejor!».

Pero... ¿es realmente así? Permítanme no suscribir tan a la ligera esta afirmación. Se dice que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones. Y es que, ¿realmente somos mejores? ¿Mejores que quién? ¿Mejores que nuestros antecesores, porque ellos, seres desalmados, se valían del caballo para impulsar sus carros, aún cuando los vehículos motorizados ya colmaban nuestras calles? ¿Eran, por ello, peores personas que las que las del presente?

domingo, 14 de mayo de 2023





Un lujo de escritura e ironía en este texto extraído de la novela Casa Desolada de Charles Dickens. 

"El señor Vholes [abogado] es un hombre muy respetable. No tiene mucho trabajo, pero es un hombre muy respetable. Los abogados más importantes, que han hecho grandes fortunas o están a punto de hacerlas, reconocen que es un hombre respetabilísimo. En su trabajo nunca pierde una oportunidad, lo cual es seña de respetabilidad. Es reservado y serio, lo cual es otra seña de respetabilidad. Tiene problemas digestivos, lo cual es muy respetable.

lunes, 20 de febrero de 2023

Casa Desolada; Charles Dickens

 


Casa Desolada

"Jamás podrá haber una niebla demasiado densa, jamás podrá haber un barro y un cieno tan espesos, como para concordar con la condición titubeante y dubitativa que ostenta hoy día este Alto Tribunal de Cancillería, el más pestilente de los pecadores empelucados que jamás haya visto el Cielo y la Tierra"

jueves, 26 de enero de 2023

Tutorial para gustar de un helado


TUTORIAL PARA GUSTAR DE UN HELADO

 

«Vaya estupidez —pensarán muchos con solo leer el título—. Desde que tengo uso de la razón como helados, y este tipo pretende instruirme cómo hacerlo. Uno más que quiere hacerse famoso escribiendo en la Web».

Entiendo y acepto la crítica, yo tampoco me detendría a leer consejos sobre cómo comer una porción de pizza o una milanesa, así pues, siéntase libres de abandonar la lectura en este punto.

Pero antes de que tomen una decisión apresurada, me permito sugerirles que consideren la alternativa de distraer solo unos pocos minutos para incursionar en el tortuoso terreno al que ingresamos desde el mismo instante en que nos decidimos a comprar un helado. Y no exagero, ese simple acto nos somete a un cúmulo de conflictos físicos y emocionales, sobre los cuales no tomamos consciencia porque, siéndonos tan familiares, los abordamos de un modo irreflexivo, como veremos a lo largo de estas líneas.

Una consideración previa. El presente tutorial está destinado exclusivamente a quienes consuman helados servidos en cucurucho. Los fieles a los recipientes de telgopor, las tulipas de barquillo ondulado o los vasos en general, no encontrarán nada útil en el texto.

 Vayamos entonces a lo nuestro.

domingo, 1 de enero de 2023

Érase una vez El Bajo

 

 


  

ÉRASE UNA VEZ EL BAJO

CRÓNICAS DE BUENOS AIRES

 

Es esta la historia de un acontecimiento en una ciudad que ya no existe.

El Bajo era el apodo que los habitantes de Buenos Aires adjudicaban a la extensa franja paralela a las aguas del Río de la Plata, que se extiende desde Retiro hasta La Boca, de tan solo dos cuadros de ancho donde las calles describen una pronunciada pendiente hasta desembocar en el puerto de la Ciudad.

En la actualidad, el tramo norte de dicha franja ostenta el nombre de Catalinas Norte, denominación que le otorga un atributo de respetabilidad mucho más apropiado con las actividades que allí se realizan.

En efecto, debido a su cercanía con la City porteña, hacia fines de los 60’s, del siglo pasado —maravilloso, la idea de siglo pasado remite a épocas remotas, y, sin embargo, podemos hablar de experiencias vividas a mediados de dicho periodo—, se inició un proceso de urbanización con la construcción de edificios de oficinas, tendencia que cobró vigor particularmente durante los años 90. Hoy dominan allí edificios y torres de fachadas vidriadas en los cuales sentaron sus reales las casas matrices de muchas de las principales compañías del país. Pueblan sus calles autos de lujosas marcas, junto a hombres y mujeres luciendo atuendos propios del mundillo corporativo.

Pero no siempre fue así.

miércoles, 23 de noviembre de 2022

El muro de silencio

 



EL MURO DE SILENCIO

CRÓNICAS DE BUENOS AIRES

 

 

Sucedió en un bar del barrio de Palermo entre las once y once y treinta de la mañana. Una pareja joven, de unos treinta años, tal vez menos, ingresa al local y ocupa una mesa junto al ventanal que da a la calle. Esperan en silencio que los atiendan. Al cabo de varios minutos, durante los cuales no intercambian palabra alguna, se les acerca una moza y les entrega sendos menús. Realizan sus respectivos pedidos. Tampoco hablan entre sí mientras esperan el servicio.

sábado, 29 de octubre de 2022

Un Corresponsal - Anton Chejov

 


Este texto corresponde a un tramo del cuento Un Corresponsal, de Antón Chejov, publicado en la Revista rusa The Alarm clock, bajo el seudónimo de Antocha Tchekhonte, en Mayo de 1892. ¡¿Qué hubiese escrito en nuestros días?!

 

Dice un periodista, el protagonista del cuento, durante una charla en una reunión social:

 

“¡Hubo otros tiempos, señores! Ahora tampoco son malos, pero los de entonces eran mejores para nosotros, los periodistas, por la sencilla razón de que los hombres poseían más fuego y más verdad... ¿Dónde estáis vosotros, los literatos genuinos, los publicistas y otros combatientes y trabajadores de la... —ej..., ejem...—, de la divulgación... Aquellos que tienen el alma más sucia y más negra que mis botas, aquellos cuyo corazón no se creó en las entrañas de su madre, sino en una fragua, aquellos que tienen tanta verdad como yo casas, se atreven a penetrar en el camino de los elegidos, en la senda exclusiva de los profetas, de los que aman la verdad y de los que odian el dinero... Antes se luchaba por la verdad, hoy no s busca sino la grandilocuencia y el kopek, que Dios confunda... Antes no era así. Si soltábamos una mentira, lo hacíamos por simpleza o estupidez; pero no esgrimíamos la falsedad como arma porque considerábamos nuestra profesión un sacerdocio y la venerábamos como una reliquia”.


sábado, 27 de agosto de 2022

NADA NUEVO BAJO EL SOL

 


NADA NUEVO BAJO EL SOL


En la novela La pasión de Sacco y Vanzetti, publicada en 1953, Howard Fast, su autor, describe una protesta popular en contra de la ejecución de dos inmigrantes italianos (Sacco y Vancetti) que fueron condenados a la pena de muerte por un crimen que no cometieron, en un juicio en el cual jueces y fiscal desconocieron las pruebas que demostraban su inocencia. Lo que sigue es un tramo de dicha novela:

domingo, 14 de agosto de 2022

 



Recopilando material para un nuevo apunte: La 2º Inquisición, me topé con el siguiente texto publicado en 1930, que refleja como una mente privilegiada puede anticipar el futuro.

"[...] ahora existe un nuevo tipo de miedo, el miedo a lo que pueda decir la prensa, que es tan terrorífico como todo lo relacionado con la caza de brujas medieval. Cuando los periódicos deciden convertir a una persona inofensiva en un chivo expiatorio, los resultados pueden ser terribles. Afortunadamente, la mayor parte de la gente se libra de este destino por tratarse de desconocidos, pero a medida que la publicidad va perfeccionando sus métodos, aumentará el peligro de esta nueva forma de persecución social [...]; y se piense lo que se piense del noble principio de la libertad de prensa, yo creo que hay que trazar una línea más marcada que la que establecen las actuales leyes sobre difamación, y que habría que prohibir todo lo que haga la vida insoportable a individuos inocentes, aun en el caso en que hayan dicho o hecho cosas que, publicadas maliciosamente, puedan desprestigiarles."

Bertrand Russel; The Conquest and Happiness (1930)

miércoles, 20 de julio de 2022

EL PRECIO DEL AMOR

 


EL PRECIO DEL AMOR

CRÓNICAS DE BUENOS AIRES

 

En principio quisiera despejar falsas expectativas; el apunte no trata sobre el costo que demanda recurrir a una prostituta, sino a uno de los tantos gastos que debe afrontar un varón para mantener relaciones sexuales o hacer el amor (eufemismos[1] que se suelen emplear para referirse a coger, fifar, follar, echarse un polvo, etcétera) con su pareja: novia/novio, esposa/esposo, amiga/amigo con derechos o una simpatía circunstancial. Como sea, llámenlo como quieran. ¿Por qué será que todo lo referido al sexo se reviste con términos ‘supuestamente correctos’?

viernes, 24 de junio de 2022

¡Ciudado con el censo!

 


¡CUIDADO CON EL CENSO!

CRÓNICAS DE BUENOS AIRES

 

El censo pasó y cayó en el olvido, soy consciente de ello, pero este apunte no trata sobre el censo en sí, sino sobre un acontecimiento que tuve la oportunidad de presenciar a raíz de dicho trámite.

El censista se presentó pasado el mediodía. Le entregué el comprobante que recibí después de haber completado el formulario digital, respondí la pregunta que me formuló, y en no más de un par de minutos quedé libre. Ya no tenía que estar pendiente del timbre y podía disponer del resto del día a mi antojo. Así pues, volví a mi departamento, recogí unos papeles, envié un mensaje por whatsApp y salí nuevamente a la calle. Tenía una reunión pactada, y había acordado con la persona en cuestión que el primero que terminara con el censo se trasladaría a la vivienda del otro.

domingo, 5 de junio de 2022

 


NADA NUEVO BAJO EL SOL

Texto extraído de Babbitt, novela (1922) de Sinclai Lewis (primer Premio Nobel de Literatura americano – 1930) en la que narra las desventuras de un personaje de la típic clase media americana, de nombre que da título a la obra, (Según los críticos: “... Es ya obra clásica en todas las literaturas y de las más amenas que se hayan escrito en lo que va de este siglo”.)

 

“La A.B.C. [Asociación de Buenos Ciudadanos,una asociación ficticia] sostuvo una larga lucha en pro de la Libertad de Trabajo, que en secreto era una lucha contra las uniones de trabajadores”

lunes, 2 de mayo de 2022

¿QUÉ FUE DE LA PARÍS ARGENTINA?

 

 

 



¿QUÉ FUE DE LA PARÍS ARGENTINA?

 CRÓNICAS DE BUENOS AIRES

 

En las mañanas, durante el desayuno, suelo hacer zapping entre distintos programas radiales de noticias. Son diversas las razones que me impulsana ello: a) no quiero quedarme con una sola versión de los hechos; b) no soporto a los periodistas que más que comunicar y, si se quiere, comentar la noticia, se comportan como portavoces, ya no de una línea de pensamiento político o económico, sino de un sello partidario particular, e incluso de algún potencial candidato que disputa una interna en ese mismo espacio político. No necesito que me adoctrinen, bien o mal puedo arribar a mis propias conclusiones sobre un suceso; y c) me aburren las tandas publicitarias. Pero, por lo general, debido a distintas razones que no vienen al caso, son éstas las que aprovecho para cambiar de sintonía.

Claro que hay mejores formas de comenzar el día, pero tampoco es cuestión de pretender ganar el paraíso sin sacrificio alguno.

lunes, 20 de diciembre de 2021

Más que una estúpida disputa entre egos

 


MÁS QUE UNA ESTÚPIDA DISPUTA ENTRE EGOS

 

Ahora que los anti-vacunas, los libertarios con tinte fachistoide, los neo-nazis, los nazis (sin el neo), los conspiranoicos y otras especies de la fauna humana, todos ellas revestidas con el sello de republicanos, han resurgido para oponerse al pase sanitario, rescaté de la carpeta de los trastos un borrador que había garabateado sobre el enfrentamiento entre Lanta y Longobardi.

Consideré que viene a cuento porque en dicho apunte reflexiono sobre cómo una retórica sobre la libertad y los derechos individuales puede ser esgrimida como argumento para imponer ambiciones particulares sin considerar las consecuencias sobre el prójimo. Es como si esas arengas (que en ocasiones se parecen demasiado a sermones dictados desde un púlpito) estuvieran destinadas sólo para el consumo ajeno y no el propio.

 

Vayamos pues al texto original.