miércoles, 21 de abril de 2021
Francis Bacon
domingo, 18 de abril de 2021
Una duda inquietante
UNA DUDA INQUIETANTE
APUNTE
El día siguiente de haber trascendido la noticia de que el Presidente Alberto Fernández había contraído coronavirus, apareció un mensaje en uno de los grupos de whatsapp, de los que formo parte, reenviado por otro de los miembros Se trataba de un flyer con el siguiente texto: “Alberto, hoy te podés transformar en héroe. ¡Andá y estornudale a Cristina!”.
domingo, 28 de marzo de 2021
Texto de la Fantasía Coral para piano, coro y orquesta de Ludwig van Beethoven
Una declaración de principios.
Christopher Kuffner, poeta.En español:
Con gracia y dulzura resuenan
las armonías de nuestra vida
y el sentido de la belleza engendra
flores que eternamente florecen.
La paz y la alegría avanzan cual amigas
como el juego alternante de la olas;
y lo que insistía en ser rudo y hostil
entra a formar parte de lo sublime.
Cuando en los tonos reina la magia
y en las palabras la inspiración
se configura lo maravilloso,
noche y tempestad se vuelven luz.
Calma exterior y alegría interior
priman para el bienaventurado;
y el sol primaveral de las artes
permite que de ambas nazca luz.
Algo grande contenido en el pecho
florece de nuevo en toda su belleza;
si un espíritu se ha encumbrado
todo un coro de espíritus resuena siempre a su alrededor.
Aceptad, pues, almas bellas,
alegremente los dones del buen arte.
Cuando se unen el amor y la fuerza
el favor de los dioses al hombre recompensa.
domingo, 24 de enero de 2021
Emprendimiento
EMPRENDIMIENTO
CRÓNICAS DE LA CIUDAD
La vi por primera vez hace ya largos
años.
Era una mujer de edad dudosa; tanto daba
afirmar que cursaba los treinta como los cincuenta. Alta, flaca, sin garbo
alguno, su pelo negro y corto, peinado hacia atrás, lucía opaco y descuidado. El
rostro afilado, con las mejillas hundidas y pómulos salientes, era como una
máscara que no expresaba emoción alguna. Sus labios, fuertemente apretados,
dibujaban una fina línea casi imperceptible, y dos profundos surcos se
deslizaban desde las aletas nasales hasta la comisura de la boca, como si
hubiesen sido tallados sobre la piel curtida de un tono terroso. Sólo sus ojos
delataban alguna emoción: negros, de mirada intensa, desafiantes, saltaban en
sus órbitas de un lado a otro, atentos a cuánto sucedía en su derredor, como un
ave de rapiña rastreando una presa. Enfundada en un abrigo marrón arratonado,
largo hasta casi los tobillos, parecía una figura de terracota que había
cobrado vida. Así y todo, su presencia irradiaba una cierta dignidad
lunes, 30 de noviembre de 2020
¿Quién mató a Diego? / Angel Cappa y Marcos Roitman
¿Quién mató a Diego?
por
Angel Cappa y Marcos Roitman [i]
Muchos lloran su muerte, pero la mayoría acabaron con su vida. Son cómplices necesarios. Periodistas deportivos, cronistas políticos, tertulianos, cómicos. Aquellos que pasan del amor al odio en cuestión de segundos, que disfrazan su mediocridad bajo la crítica fácil y la descalificación. Se han reído de sus enfermedades, de su adicción, la han instrumentalizado para subir audiencia. A esta lista, debemos agregar compañeros, quienes compartieron vestuario, los que callaron. Lo abandonaron. Los presidentes de clubes en los cuales se entregó en cada partido, lo ningunearon. Lo transformaron en un esclavo de sus intereses, fue moneda de cambio
miércoles, 23 de septiembre de 2020
LIBROS QUE ALIMENTAN
LIBROS QUE ALIMENTAN
Durante años mantuve la diaria rutina de caminar por el parque Rivadavia. No eran caminatas livianas, como quién pasea mirando vidrieras; era una actividad que encaraba con seriedad. Temprano, en la mañana, vestía los pantalones de jogging en invierno, shorts, en verano, una simple remera o abrigado con un grueso buzo, según lo ameritara el clima y zapatillas deportivas. Ya en el parque, transitaba entre los canteros esforzándome por sostener un paso acelerado todo el tiempo.
Pero llegó el Covid y con él, las restricciones sobre las actividades, la
circulación y las reuniones, en suma, confinamiento, como único recurso para minimizar las probabilidades de contagio y expansión de
la enfermedad hasta tanto se desarrolle la vacuna o, al menos, un remedio
efectivo para su cura, Así pues, suplí esos recorridos matinales por entrenamiento
puertas adentro. Se trata de una serie de rutinas cardio que aprendí siguiendo
los excelentes videos (cinco millones de suscriptores avalan mi opinión) publicados
por un instructor colombiano en su canal de Youtube.
Entreno en el balcón, con vista a la
calle. Al otro lado de la calzada el Gobierno de la Ciudad colocó, como si
fuese un automóvil estacionado, una de esas campanas color verde dónde los
vecinos y encargados de edificios deben (o deberían) disponer la basura
reciclable.
A diario llegan hasta el contenedor los ahora
denominados recuperadores urbanos (conocidos a partir del 2001 como cartoneros
y actualmente agrupados en cooperativas), remolcando sus carros en los que
portan inmensos bolsones color arena donde acumulan los papeles, cajas de
cartón, envases plásticos o cualquier otro material que luego les son comprados
por las empresas recicladoras de residuos.
Ocurrió hace un par de semanas. Eran un
hombre y una mujer. Jóvenes ambos. Él tiraba del carro, ella caminaba al
costado, del lado del tránsito. Ya junto a la campana, el hombre introdujo la
cabeza por la boca con forma de T abombada, similar a una pieza de
rompecabezas, y al cabo de unos pocos segundos extrajo, con cierto esfuerzo, una
bolsa blanca, bastante voluminosa. Hasta ese momento nada fuera de lo normal. Depositó
la bolsa en el suelo, la abrió y sacó un libro. Sin detenerse a examinarlo, le
arrancó las tapas y las acomodó en un extremo del costal, acto seguido se
aplicó en desprender todas las hojas, de a fajos, que fue acondicionando en
otro lugar del bolsón, separadas de las primeras. Detuve mis ejercicios para
observarlo. Obró de igual modo con otro libro, y así libro tras libro hasta vaciar la bolsa. Creo haber contado algo más de una decena de volúmenes. En tanto, su
esposa o pareja, es lo que supuse, lo contemplaba con aire indiferente. Cumplida
la tarea se marcharon.
Mientras se alejaban, él arrastrando el
carro, ella detrás, los seguí con la vista hasta que desaparecieron devorados
por las moles de cemento del barrio.
Volví a mi rutina, mientras pensaba: nunca un mejor destino para un libro que el de proporcionar comida a una familia, al menos por un día.
lunes, 10 de agosto de 2020
UN CAFE DE MIERDA
UN CAFÉ DE MIERDA
CRÓNICAS DE BUENOS AIRES
Sucedió en agosto del 2019. Era una tarde
soleada de invierno. Iba por la avenida Callao, hacia Rivadavia, dispuesto a
tomar el subterráneo de la línea A. Una brisa suave del sur acariciaba las
calles de la ciudad, y tal vez por eso la atmósfera se apreciaba más límpida y
liviana que de costumbre. El sol, un disco, apenas teñido de anaranjado pálido,
contrastaba con el celeste intenso del cielo sin una sola nube. A la sombra, el
frío se hacía sentir en manos y rostro, pero bajo los rayos del sol se
experimentaba una sensación de amable calidez.
Un par de cuadras antes de llegar al
edificio del Congreso me topé con el local de una cadena de cafeterías, a cuyo
frente, en la vereda soleada, había dos mesas libres.
domingo, 26 de julio de 2020
¿Y DESPUÉS QUÉ?
“Las epidemias son una categoría de enfermedad
que parece mostrar el espejo a los
seres humanos
sobre quiénes somos realmente”.[1]
Era mi intención destinar este módulo del
blog a una serie de apuntes sobre sucesos cotidianos, a los que no solemos
prestarle mayor atención por considerarlos parte de nuestra ‘normalidad’, si
bien, a poco de depositar en ellos una mirada más atenta, nos revelan una nueva
perspectiva de la realidad.
Pero las circunstancias actuales
frustraron mi propósito. “Si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes”,
dijo alguien.
Tenía unos pocos años de edad cuando la epidemia de poliomielitis (1956) (enfermedad para la cual aún no existía una vacuna), no obstante, recuerdo con claridad el miedo de mis padres por lo que pudiera sucedernos a mi hermana y a mí. Pasaron muchos años de aquello en cuyo transcurso padecimos otras epidemias, pero ninguna nos ha conmocionado como la presente. Es que el Covid-19 afecta, además de la salud, a todo lo que formaba parte de nuestra normalidad: saludar con un beso, estrecharnos la mano, compartir el mate, reunirnos en familia o en torno a la mesa de un bar con amigos, ir al cine, al teatro, a conciertos, a eventos deportivos, tener sexo casual, y tantas otros actos en los que nuestros cuerpos ambicionaban el contacto del otro, como parte de una rutina vital.
Pero ahora, el otro y nuestro entorno se han transformado en algo peligroso, imponiéndonos el distanciamiento y el confinamiento como las respuestas más efectivas de preservación. Vaya paradoja, la civilización super desarrollada recurriendo a las mismas prácticas empleadas desde hace siglos para enfrentar las epidemias.





